Cambio de ruta

Posted julio 8, 2018 9:40 am by

08 de Julio de 2018

Donald Trump representa un punto de quiebre para el mundo, uno de esos cambios de ruta que definirán las siguientes dos o tres generaciones. Pronto, los libros de historia hablarán del Presidente de Estados Unidos que inició una nueva época.

En la década de los ochenta, el mundo eligió la ruta de la globalización, la meta era terminar con las fronteras.

Algunos de los teóricos más importantes del mundo llegaron a asegurar que en un lapso verdaderamente corto habría tres grandes bloques económicos y sociales.

La caída del muro de Berlín y la creación de la Unión Europea (UE) fueron los cimientos de esta esperanza; el mundo congregado con las notas del Himno a la alegría en el que sus habitantes se unirían como hermanos.

Un mundo sin fronteras gracias al libre comercio.

Proliferaron los tratados de libre comercio e incluso Argentina creó la utopía de que podría tener una paridad uno a uno con el dólar, olvidando que para llegar a una meta primero era necesario trabajar en la convergencia.

La crisis financiera global que estalló en septiembre del 2008 hizo evidentes las fallas del modelo. Dentro de la Unión Europea las diferencias fueron creciendo.

El desorden económico en Grecia y la migración descontrolada se convirtieron en las primeras señales de preocupación, una semilla que se plantó en los movimientos nacionalistas de Francia, Alemania, Italia, pero que floreció con el Brexit.

La mayoría de Reino Unido decidió dejar la Unión Europea no por estar en contra del libre comercio, sino porque no estaban de acuerdo con la migración. Oleadas de migrantes, en su mayoría legales, que presionan las finanzas públicas de este reino y que disminuían las oportunidades de los locales a favor de los extranjeros.

En los países europeos, los problemas vinculados con la migración han adquirido características de crisis humanitaria y, lo más grave, el ánimo integracionista que recorría el mundo ha sido abandonado por la mayoría de los ciudadanos promedio.

Estas corrientes también fueron retomadas en Estados Unidos. La promesa central de la campaña de Donald Trump, Make America Great Again, tiene una semiótica xenófoba y contraria a los ideales de finales del siglo pasado.

El tema va mucho más allá de oponerse a la migración ilegal, lo que ha llevado a la superficie el profundo racismo que se había mantenido oculto tras el disfraz hipócrita de lo políticamente correcto, sino que ha llevado al Presidente de Estados Unidos a iniciar una guerra comercial con el mundo bajo la premisa falsa de que las economías cerradas benefician a las industrias y consumidores locales.

Argumentando seguridad nacional, el gobierno de Trump lanzó la primera bala de la guerra comercial fijando aranceles a la producción de acero y aluminio. El siguiente ataque, también dirigido a todo el mundo, tiene que ver con los vehículos.

En menos de un trimestre, Trump ha tenido refriegas de esta guerra comercial con China, la Unión Europea, México, Canadá y, recientemente, con Rusia. En todos los casos se han aplicado cuotas arancelarias y sus respectivas retribuciones.

El Presidente de Estados Unidos decidió traspasar el umbral de la migración, al que sólo habían llegado en Reino Unido, y detonar una guerra comercial, enfrentándose al libre comercio.

Hoy no puede saberse cuál será el balance final de esta nueva ruta en la política internacional; sin embargo, ya pueden contarse los primeros muertos y heridos entre los consumidores de Estados Unidos quienes tienen que enfrentar una inflación que está creciendo con mayor rapidez a la esperada.

Twitter: @kimarmengol