"El Patrón": Diego Jaume se prepara para volver

Posted febrero 18, 2018 1:56 pm by

Lleva nueve años alejado del fútbol. Se fue asqueado. Vive en el campo donde asegura que es feliz, pero hizo el curso de entrenador y quiere volver, aunque pueda parecer incoherente.

Su último equipo fue el Hércules español. Podía haber seguido jugando, Lasarte lo quiso llevar a Danubio y podía haber regresado a Nacional o a Defensor Sporting, pero volvió de España decidido a dejar. “Fueron 17 años de profesional, donde tuve etapas distintas. Fue al revés, arranqué suave en Huracán Buceo, pero los últimos once años fueron muy intensos. El periplo europeo, Nacional, Defensor Sporting, la selección y terminé en España. Disfruté muchísimo, pero hubo un hecho, cuando mi equipo le vendió los puntos a otro, en que dije basta. Esto es un asco. Y en Uruguay había que luchar por el profesionalismo, en mi rol de capitán y referente, me costó que se entendiera lo que era la responsabilidad. Sobre todo en los equipos grandes. Además, ya tenía cuatro hijos y me había perdido muchas cosas. Etapas, cumpleaños, fiestas en la escuela. Entonces decidí priorizar a los hijos”, contó Diego Jaume, el excapitán tricolor, en su chacra de Sauce.

“Fue una mezcla de todo porque el mundo del fútbol tiene cosas muy lindas, pero también asquea. Y elegí dejar de jugar. Al principio no sabía lo que iba a hacer, ni que iba a vivir en el campo. Mi idea era terminar el curso de técnico que había arrancado en España. Oxigenarme un par de años, tomármelos sabáticos, y luego meterme a dirigir. Pero se fue dando lo del campo. Mi abuelo tuvo campo toda la vida y a mi padre le encanta. Y yo me di cuenta con el correr del tiempo que me gustaba. Me di cuenta en Europa, porque necesitaba verde, oxígeno y tener a los vecinos alejados, a 500 o 300 metros. Necesitaba esa calidad de vida, después de vivir 12 años en Europa, siete en Holanda de niño y cinco en España. Mi último año allá, con la explosión de la tecnología, me superó”.

Siempre fue un bicho raro en el mundo del fútbol. Cuando jugaba en Nacional llegaba a Los Céspedes en un Fusca, mientras que sus compañeros se lucían con sus autos de alta gama. No era un tema económico, había jugado años en Europa, sino de principios. “Era el capitán y mis compañeros me preguntaban qué hacía en un Fusca. No entendían nada. Yo les explicaba que el auto no me importaba, que sólo lo quería para que me llevara y me trajera. Cuando fui llegando a cierto nivel en el fútbol, que siempre viene acompañado de una mejora económica, opté por la austeridad que había mamado de chico. La que me inculcaron mis padres que se criaron en Carrasco y optaron por otro mundo. Mi padre no fue sacerdote, pero pegó en el palo. Fue monaguillo y creo que se abrió porque se enamoró de mi madre. Nos inculcaron eso a sus cuatro hijos. Nunca estuve de acuerdo con tener un Audi o un Porsche porque era un jugador de elite”.

En cierta oportunidad, le hicieron una nota en Don Balón, a él y al arquero Alvaro Núñez cuando jugaban en Numancia. “El club nos dio un Seat Ibiza a cada uno y nadie lo agarraba. Todos lo cambiaban, porque además allá los autos de alta gama son bastante accesibles. Pero nosotros nos lo quedamos. Y en Don Balón hicieron una nota sobre los autos de las estrellas y la contraparte éramos nosotros con nuestros Seat Ibiza”, contó. “Nunca me costó, por ejemplo al dejar el fútbol bajar el nivel de vida. Soy austero y siempre prioricé lo humano sobre lo material”, agregó Diego.

Jaume tiene cuatro hijos: Sofía, Santiago, Sebastián y Mariana. Y hasta hace unos años era radical en su crianza. Nada de McDonald’s ni de celulares. Hoy, reconoce que perdió esa batalla. “Yo sigo igual, sin celular e intentando no ir a un shopping, pero tengo claro que mis hijos son personas diferentes a mí. Me costó aceptarlo. Además, cuando son más chicos es más fácil, pero Sofía la mayor, ya tiene 17 años. Hoy cuesta decirle a Mariana, que tiene 9, que no tenga celular por más que los educadores y los psicólogos recomiendan que no se les debe dar. Pero a los padres nos cuesta una enormidad. En la escuela todos lo tienen y si decís que no sos el ogro de la película. Mantengo mis valores y principios, cierta forma de educar, pero la tuve que adaptar a esta realidad”.

NOVILLOS. A unos ocho kilómetros de su chacra tiene 40 hectáreas, donde se dedica al engorde de ganado. Y lo hace con un método especial, neocelandés, que le permite colocar hasta 200 animales. “Es una locura la cantidad. Es un sistema de rotación, donde se tiene un vínculo muy especial con el animal. Los vendo antes de que vayan al frigorífico, esa última etapa no me gusta. Uno se encariña con los bichos. Tenía un novillo que comía de mi mano y mi hija Mariana le contaba a la maestra que su papá tenía un amigo novillo”, relató divertido.

“Nunca imaginé que el campo me gustara tanto. Hoy soy rico en tiempo, en dinero no, porque trabajo en el campo pero no soy del campo y tengo otros gastos que no tienen mis vecinos. Más con cuatro hijos. Pero soy mi propio jefe y encontré una paz impresionante. Acá vive gente pobre en lo económico, pero muy rica en lo humano, con otros códigos, muy diferente a la de la ciudad. Gente simple con la que basta una mirada”, contó y explicó que tuvo que empezar de cero porque no sabía nada de campo.

“Fui a la Facultad de Veterinaria y les pedí que me enseñaran a capar. Y contraté un alambrador para que me enseñara a alambrar. Necesitaba saber algunos trucos, como añadir si un bicho te rompe el alambrado. Y no tenía idea de nada”, explicó.

“Estoy muy feliz en el campo, pero me picó el bichito de regresar al fútbol. Sé que suena incoherente. Pero me gusta la parte educativa, quiero apuntar a la formación, a los juveniles. Ya di una mano en el baby fútbol de Sauce. Hoy quiero terminar el curso, después veré si trabajo o no. Ya tengo la licencia A, que me permite dirigir juveniles y me falta la Pro, que es para todo. Sé que voy a volver a un fútbol que no ha cambiado y que quizás ha empeorado, me lo dicen muchos excompañeros. Sé que aumentó la mafia, pero hay algunos equipo que mantienen ciertos códigos, como Defensor Sporting, Nacional, Wanderers o Liverpool. Apunto a educar y trasmitir valores humanos, códigos de vida, en el mundo del fútbol. En definitiva es lo que hice toda la vida”, finalizó “El Patrón” como lo llamaban cuando jugaba.

Un capitán con menos pelo

Cuando era capitán de Nacional tuvo que lidiar con una nueva generación de futbolistas  integrada por Luis Suárez, Cardacio, Cauteruccio y Fornaroli, entre otros. “Yo los obligaba a apagar la luz a las diez de la noche. Eran bravos. Los pelos que me faltan se me cayeron por ellos. Hoy veo al ‘Bochita’ capitán de Defensor y parece otro”.

El día a día

 Separado desde el 2011 volvió a encontrar el amor en Eloísa, una abogada de Canelones que piensa como él.
Mariana, su hija menor, es su gran compañera en las tareas del campo.
Jaume heredó a “Manchita” una mansa yegua, de su abuelo.