El sacerdote que da refugio a quienes escapan de la dictadura de Corea del Norte

Posted julio 8, 2018 3:41 pm by


El padre James Shin, en el hospital de Kkottognae

La imagen fue tapa de los diarios de todo el mundo: el presidente de Corea del Sur en un apretón de manos con el jefe de la dictadura del Corea del Norte. ¿El comienzo del cierre de una herida que lleva más de medio siglo abierta? La guerra partió a Corea en dos. Hoy, de un lado,queda la pujante y capitalista Corea del Sur. Del otro lado, la comunista Corea del Norte, donde el tiempo y el progreso parecen haberse detenido, mientras su dictador,Kim Jong-un mantuvo en jaque al mundo, con sus armas nucleares. En el medio,
una de las fronteras más calientes del mundo. Cruzarla, puede costar la vida. A unos pocos kilómetros del lugar de la foto se levanta Kkottongnae, “una comunidad de amor”, tal como definen sus miembros. Se trata de una comunidad religiosa que desde hace más de 30 años recibe y cuida de personas enfermas, abandonadas y pobres. Tienen casas para gente sin hogar, un asilo, un hospital, un hogar de niños, escuelas de oficios para discapacitados y hasta una Universidad de Medicina, con enfoque social. Desde hace cuatro años, sumaron otro desafío: construir casas para recibir a esos vecinos que emprenden un viaje lleno de peligros, para huir de Corea del Norte. Que se estima, son unos 1500 cada año. El padre James Shin es una de las autoridades de esta comunidad y está de visita en Argentina para participar de un encuentro de la Comunidad Carismática Católica que se realiza el 9 de julio en el Luna Park. Además, para inaugurar una casa en Parque Avellaneda, por pedido del papa Francisco, para recibir a personas sin hogar que viven en la ciudad.

-Hace cuatro años recibieron la inspiración de construir una casa de acogida en la frontera norte. Lo hicieron y hoy dan contención a quienes se filtran y logran cruzar la frontera. ¿Cómo nació el proyecto?

-Hace 30 años, un donante anónimo aportó una tierra enorme a Kkottongnae. Entonces, el fundador de Kkottongnae, el padre Oh Woong-jin, sintió la responsabilidad de utilizarlo para recibir y cuidar a los pobres y abandonados de Corea del Norte, después de la reunificación de las dos Coreas, ya que la tierra está en un lugar cercano a la frontera. Empezó a orar por ese proyecto. Con esa visión, construimos un hogar para ancianos y para cuidar a los más pobres. En 2013, cuando nuestro líder visitó el Vaticano, le pidió al papa Francisco su oración por la reunificación. En agosto de 2017, construimos una casa de oración donde se reza de forma permanente por la reunificación pacífica de las Coreas. La llamamos Papa Francisco, porque ha sido un gran impulsor de nuestro proyecto y reza junto a nosotros. Y empezamos a ver algunos signos: las cumbres entre Corea del Sur y del Norte y el diálogo con Estados Unidos. El proceso de desnuclearización ha comenzado.

-¿A cuántas personas han recibido y asistido desde entonces?

-Más de 5000 personas han pasado por nuestras instituciones, no sólo en Corea del Sur, sino en otros 14 países en los que trabajamos. Quienes escapan de Corea del Norte son entrenados en un programa del gobierno llamado “Hanawon” (una especie de
centro de reeducación al capitalismo para norcoreanos) durante un cierto tiempo y recién después se integran a la sociedad. Las personas u organizaciones no pueden trabajar directamente con ellos en su reinserción social. Sin embargo, durante el período de adaptación, muchos vienen a Kkottongnae y se quedan con nosotros durante un tiempo para adaptarse a la nueva sociedad. Son personas que no conocen el estilo de vida de Corea del Sur, porque han vivido bajo el comunismo por mucho tiempo.


La comunidad de Kkottognae, a pocos km de la frontera con Corea del Norte

-¿Cómo logra una persona huir de Corea del Norte?

-Existen varias formas. La ruta principal es cruzar la frontera china a través del río Tuman. Permanecen en China durante un período y allí reciben ayuda de voluntarios de Corea del Sur o lo hacen solos. Otros escaparon por el sudeste asiático.

-¿Es imposible cruzar la frontera a pie? Son pocos los que lo intentan…

-Hay muy pocos casos que lograron cruzar la frontera de Corea del Sur, a través de la zona desmilitarizada. En cambio, muchos nadaban para cruzar la frontera con China o usan una embarcación. O, incluso cruzaron la frontera a pie. También, hay algunos casos especiales, de personas que fueron enviadas oficialmente a trabajar en el extranjero, y desertaron allí para huir a Corea del Sur.

-¿Qué obstáculos deben sortear para lograr llegar a Corea del Sur?

-En algunos casos, se casan con ciudadanos chinos para recibir un documento de ese país y después huir a Corea del Sur. O escapan a través de países del sudeste de Asia, como Tailandia. El mayor peligro es ser atrapados mientras cruzan la frontera china, ya que las autoridades los obligan a regresar a Corea del Norte y allí vivirán en un campo de concentración haciendo trabajo forzado, o directamente serán ejecutados.


-Es un viaje que no sólo es difícil. También es muy caro. ¿Cuánto puede costar? ¿Ustedes ayudan económicamente a quienes intentan salir de Norcorea?

– Es difícil estimar el gasto de escape, porque varía caso por caso y según la ruta. Kkottongnae no los ayuda a escapar ni a tener un refugio temporal en otros países, pero está orando por la reunificación y se está preparando para recibir a los pobres y abandonados después de la reunificación de las Coreas.

-¿En qué situación se encuentra quien logra salir? ¿Cómo lo ayudan a reconstruir su vida?

-Hay personas, grupos y hasta organizaciones religiosas que trabajan en diversos campos directamente para ayudar a aquellos que quieren escapar de Corea del Norte. Como es de público conocimiento, hace poco tiempo ocho voluntarios fueron capturados y ejecutados por la autoridad china, por ayudar a quienes intentan escapar. Es un servicio muy peligroso. El papel de los voluntarios en China es proporcionar refugios a los fugados, casas seguras y lugares de trabajo. Los protegen del tráfico de personas y los ayudan a conseguir pasaporte y pasaje aéreo. Para poder financiarlo, reciben donaciones y apoyo de individuos y de organizaciones internacionales.


Crédito: Korea Summit Press Pool

-¿Cómo cambió la situación a partir del histórico encuentro de las autoridades de las dos Coreas? ¿Se respira otro aire en la población?

-El cambio después de la
cumbre de dos Coreas puede verse en algunos aspectos. El Sur y el Norte han comenzado el diálogo y tienen programas deportivos de intercambio. Se van a reanudar las reuniones de familias separadas. Por eso, la esperanza y las expectativas de la población en torno a la reunificación, han ido creciendo. Sin embargo, la autoridad en el Norte no practica aún las acciones reales para la desnuclearización. Estamos en una situación inestable donde conviven la esperanza y la desconfianza.

-¿Cómo definiría la clave de la misión que llevan adelante en Kkottognae?

-Kkottongnae tiene un lema del evangelio de Mateo 25:40: “Los aseguró que cada vez que se hizo con el más pequeño de mis hermanos, lo hicoerón conmigo”. Basado en este lema, ha recibido en el nombre de Jesús a quienes no tienen a nadie de quien depender ni fuerza para mendigar comida y los ha cuidado con un corazón amoroso. Salvamos almas practicando el amor del sagrado corazón de Jesús, que es llevar el sufrimiento y la muerte en su nombre. Hasta ahora, ha atendido a cinco mil personas abandonadas en 15 países.

-¿Por qué abrir un centro en Buenos Aires para recibir a los más desprotegidos?

-Cuando el Papa Francisco era el cardenal, invitó a Kkottongnae a su arquidiócesis, porque quería que sirviéramos a los pobres aquí. Pero fue elegido como el Papa justo después de eso. Para cumplir su deseo, decidimos enviar a los religiosos a su ciudad. Ahora estamos renovando una casa (en Parque Avellaneda), que el cardenal Mario Poli ha ofrecido para servir a los pobres. El Cardenal Poli me preguntó “¿Qué harás en Buenos Aires?” Cuando lo visitamos. Respondí: “Estoy aquí para vivir con los más pobres, enfermos y abandonados para cuidarlos como Jesús”.


Las hermanas de Kkottognae atienden el hogar para adultos mayores