Estados Unidos sortea los riesgos de una grave crisis fiscal

Posted junio 11, 2018 2:25 pm by

Por: Daniela A. Rodríguez M.[1]

Danielarodriguezm.wordpress.com

@danialerodrimar

 

Haciendo un rápido recorrido por los principales temas de preocupación para los centros de discusión y análisis estadounidenses, nos encontramos que la situación del exponencial crecimiento de la deuda pública de Estados Unidos es un tema de creciente preocupación, que pareciera no ser lo suficientemente visibilizado, por representar una vulnerabilidad estructural de este país. Cualquiera puede decir que se trata de algo normal, en tanto que la balanza comercial estadounidense siempre ha sido deficitaria, sin embargo, cuando esta condición se combina con la emergencia de nuevas configuraciones geopolíticas globales, el ascenso comercial y financiero de China, la fortaleza diplomática y militar de Rusia, y los ataques al  orden internacional neoliberal por parte de su principal arquitecto (EEUU) bajo el liderazgo de Donald Trump, nos podemos dar cuenta que existe una combinación de factores que realmente podrían significar el fin del siglo de oro norteamericano.

 

En la actualidad, la deuda pública de Estados Unidos ha alcanzado los 21 billones de dólares[2] y la propuesta presupuestaria para el 2019 suma 7 billones más[3]. El creciente endeudamiento de Estados Unidos podría comprometer su supremacía económica, el amplio gasto público se hace cada vez más insostenible y ha demostrado ser insuficiente para atender las desigualdades sociales. Por esta razón EEUU busca de cualquier manera posible, mantener su control sobre el sistema financiero mundial, lo cual pasa por el control de los recursos energéticos no solo para garantizar el acceso al petróleo para su consumo sino para el respaldo financiero de sus empresas, limitando que otros países puedan tener acceso al mismo.

 

De acuerdo a un análisis realizado recientemente por el Council for Foreign Relations Si la deuda continúa creciendo a un nivel insostenible, (…)  aumenta el riesgo de que los prestamistas de Washington, (…) exijan tasas de interés más altas y potencialmente provoquen una crisis fiscal. Además de eso, la creciente deuda podría reducir gradualmente el gasto discrecional y negarle al país las herramientas que necesita para la seguridad y la estabilidad económica.” [4]

 

La particularidad que siempre ha permitido a Estados Unidos sobresalir a cualquier crisis económica interna es la existencia del Dólar como principal moneda de intercambio global. Desde que, en los acuerdos de Bretton Woods se estableciera la necesidad de que las reservas de los bancos centrales estuvieran respaldadas por dólares americanos para poder optar por préstamos del naciente sistema financiero liderado por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, pasando por la decisión de la OPEP de comercializar el petróleo en dólares, representaba la confianza de que siempre tendrían como honrar sus compromisos financieros[5].

 

El camino fiscal de creciente endeudamiento no es sostenible, y la manera con los Estados Unidos pueden sortear las postrimeras consecuencias que puede significar el colapso de su estructura económica es a través del fortalecimiento del dólar en el sistema internacional de pagos, así como el endeudamiento de otros países ante el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial que nutren el sistema financiero norteamericano. Por eso es tan importante que América Latina en pleno vuelva a preferir estas instancias de financiamiento, y que Venezuela en particular, financie con ellos la crisis que Estados Unidos ha generado a través de la imposición de medidas coercitivas unilaterales.

 

No alcanza la vista para divisar la profundidad de la crisis que parece configurarse en el epílogo de la hegemonía norteamericana, pero el Council of Foreign Relations da por sentado que la acumulación masiva de deudas puede socavar el liderazgo global de EEUU, limitar su capacidad de respuesta militar, debilitar sus compromisos de ayuda global y dejar al país vulnerable frente a gobiernos extranjeros como el de China. [6].

 

Cuando se revisa con detenimiento los cambios presupuestarios propuestos por Donald Trump a su llegada en la Casa Blanca, y aprobados para este 2018[7], se puede interpretar que EEUU no tiene la holgadez económica que le demanda su aspiración de “primera potencia mundial”, por lo que se precisa una drástica redistribución de los mismos. Asimismo, es posible prever que sus estrategias para revertir esta situación es a través del surgimiento de nuevos frentes de conflicto militar, en tanto que la prioridad presupuestaria de EEUU está orientada al fortalecimiento  del sector Defensa, en su afán de lograr “la indiscutible supremacía militar”, sacrificando otros presupuestos asociados al desarrollo de la “diplomacia blanda” o el “smart power”.

Entre las manifestaciones concretas de esta crisis fiscal en curso, se puede indicar:

  • El Presupuesto del año 2018 constituye un recorte de 9 mil millones de dólares, equivalente a 28% respecto al de 2017 y conlleva una “reorganización” del Departamento de Estado y la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés). [1]
  • Este destina 574 mil millones de dólares al Departamento de Defensa, lo que constituye un  el aumento del propuesto en los gastos de defensa de 54.000 millones de dólares, equivalente a un 10% respecto al año anterior, monto que duplica el presupuesto asignado al Departamento de Estado y la USAID (27,1 mil millones de dólares). Estos gastos incluyen 2.000 millones de dólares para armas nucleares, mientras que la seguridad nacional aumentaría un 6,8%.
  • El Presidente Trump ha manifestado en reiteradas ocasiones cesar los pagos a distintos organismos y alianzas multilaterales, como la ONU, la OTAN, así como los programas de cambio climático de las Naciones Unidas, eliminando la financiación estadounidense relacionada con el Fondo Verde para el Clima. De hecho, la salida de Estados Unidos del acuerdo ya ha sido anunciada, así como su retiro de la UNESCO. Los recortes propuestos a los Programas para el Cambio Climático totalizan los 100 millones de dólares. Todo financiamiento del Departamento de Estado para el cambio climático será eliminado, igual destino que tendrá la financiación de la investigación climática. Entendiendo que los temas de cambio climático son uno de los de mayor preocupación para nuestros pueblos.
  • Estados Unidos ha gastado aproximadamente el 90% de sus ingresos fiscales en el pago de los programas obligatorios de compensación y los intereses de su deuda pública.
  • El 9 de marzo de 2017, la Sociedad Americana de Ingenieros Civiles (ASCE, por sus siglas en inglés) publicó su informe del año 2017, sobre la evaluación de la infraestructura de este país (carreteras, suministro de agua potable, presas, puertos, presas, puentes, red de electricidad), otorgándole a Estados Unidos una mala calificación de D+. Según el Informe, la infraestructura de Estados Unidos es similar a la de la Unión Soviética en el momento de la caída del comunismo a finales de 1980. La reciente propuesta de Donald Trump de invertir 1000 billones de dólares en diez años para resolver el problema, es lo mínimo que se necesita en esta área, sin embargo, EEUU no tiene el dinero para llevar a cabo esta propuesta, incluso de ser aprobada por el Congreso.

Esto tendrá sus graves consecuencias a nivel interno ya que la mayoría de las recetas que se formulan para mitigar los impactos de esta difícil situación van orientadas a la eliminación de los programas sociales, muchos analistas atribuyen al Medicare y el crecimiento de la Seguridad Social[8], una importante responsabilidad. Esto se va a traducir en un gran descontento social, el cual ya viene in crescendo debido a la gran brecha de desigualdad existente, así como a la aplicación de políticas injustas, discriminatorias, excluyentes y supremacistas.

En este apremiante contexto económico, China juega un papel central como amenaza estratégica a la supremacía financiera estadounidense, penetrando incluso el relacionamiento con los países que EEUU históricamente ha considerado como “su patio trasero” trastocando toda la configuración geopolítica desde Asia hasta Europa, con el financiamiento de proyectos económicos, sociales y de infraestructura de gran envergadura en América Latina y el Caribe, como el canal interoceánico de Nicaragua.

Desde 2005, China ha aportado más de 141.000 millones de dólares en préstamos a países y empresas latinoamericanas[9]. A la vez, los inversionistas estadounidenses comenzaron a reducir sus inversiones en América Latina entre 2012 y 2016, lo que ha favorecido el posicionamiento financiero y comercial del gigante asiático en la región.  A finales del mandato del Gobierno de Obama, Estados Unidos intentó fortalecer sus vínculos con los países del Caribe, con programas de cooperación energética y de seguridad, para intentar frenar la presencia de China, ante la posible construcción de un canal interoceánico en Nicaragua bajo el financiamiento chino. Incluso, la Embajada de Estados Unidos en Managua manifestó su preocupación por la construcción de dicho canal en un comunicado emitido en enero de 2015[10].

Sólo en 2014, China prestó a la región 22.100 millones de dólares, una cifra superior a la del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial (BM) juntos, que se quedaron en unos 20.000 millones.[11]

Desde el 2007, Venezuela tiene una sólida relación financiera con el Banco de Desarrollo de China, contando con la creación de un Fondo Conjunto China-Venezuela que ha permitido al país financiar más de 790 proyectos productivos y sociales, sin necesidad de recurrir al endeudamiento externo con el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. El 23 de marzo de 2017, Venezuela ingresó como miembro titular de Banco Asiático de Desarrollo de Infraestructura lo cual abre más el compás de acceso a la para el desarrollo con recursos provenientes de China, y así sucesivamente.

De acuerdo al artículo publicado en The Diplomat el 05 de junio de 2018, la iniciativa China “One Belt, One Road”, representa una gran amenaza para los intereses estadounidenses, ya que activa toda Eurasia en el desarrollo de proyectos de infraestructura financiados por China, con la inversión de alrededor de 4 billones de dólares, en 65 países que representan el 70% de la población mundial, el 55% del PNB y el 75% de las reservas de energía, logrando así China estabilizar sus periferias occidentales e impulsar instituciones económicas no occidentales, ganando influencia y creando nuevas rutas comerciales que eluden por completo las planteadas por Estados Unidos y Europa Occidental. [12]

Por otro lado, analistas estadounidenses cuestionan duramente la manera como Donald Trump está haciendo frente a los desafíos a su hegemonía, e incluso que el Gobierno de Estados Unidos ha perdido la habilidad de hacer frente a las amenazas multidimensionales debido a la “obsesión” con el equilibrio de poder militar en el mundo, particularmente en la región Asia-Pacifico, sin encontrar formas efectivas de contrarrestar la ofensiva económica de Beijing y su creciente influencia en diferentes partes del globo.[13].

En este contexto, los analistas advierten que las políticas proteccionistas de Trump debilitan el orden mundial liberal en su conjunto al no fortalecer las alianzas geoeconómicas impulsadas originalmente y que son la base de su hegemonía[14]. La imposición de tarifas al acero y aluminio basándose en la justificación de la seguridad nacional ha hecho que Europa y algunos aliados occidentales del G7, tengan que repensar su alianza e incondicionalidad. Richard Haas, Director del Council of Foreign Relations indica que Trump “Ha planteado preguntas sobre su compromiso con la OTAN y otras relaciones de alianza. Y rara vez habla sobre democracia o derechos humanos. “America First” y el orden mundial liberal parecen incompatibles”[15].Por su parte, The Diplomat sentencia que “a largo plazo Washington simplemente no puede permitirse más luchar contra todos al mismo tiempo sin causar daños a largo plazo a sus intereses económicos y de seguridad”[16]

Todo parece indicar que existe un agotamiento no solo económico sino discursivo de los Estados Unidos para ganar simpatías internacionales, y su imagen totalmente desgastada, asociada a interminables campañas de terror, le restan todo tipo de credibilidad y moral para liderar cualquier proceso de cambio global. Esto, junto a la desesperación por sus apremiantes necesidades comerciales, ha incrementado su necesidad de retomar la política del garrote, de la amenaza militar, pero esta vez desde el ocaso de su hegemonía, y no desde los albores de su nacimiento como en su momento lo habría planteado Theodore Roosevelt.

En este contexto, existen aspiraciones crecientes, y el mundo sigue girando en torno al eje económico y comercial, basado en la confianza y la credibilidad, en el cual las amenazas tienen su límite bien definido frente al surgimiento de nuevas propuestas. Cada vez más países y sus poblaciones, necesitan acceder a recursos, y están dispuestos a formar parte de nuevas configuraciones geopolíticas que brinden la posibilidad de acceso a nuevas inversiones, así como nuevos paradigmas de negociación más adaptados al reconocimiento de sus necesidades. Un “new deal” se está gestando, pero ya no es Estados Unidos el que lo está liderando, sino China.

[1] Analista y Profesora de Geopolítica, especialista en temas de Seguridad Internacional.  Msc. En Seguridad, Defensa Integral e Integración.

[2] http://www.usdebtclock.org/

[3] https://www.nytimes.com/2018/02/12/us/politics/white-house-budget-congress.html

[4] https://www.cfr.org/backgrounder/national-debt-dilemma

[5] Ídem

[6] Ídem

[7] https://www.whitehouse.gov/wp-content/uploads/2017/11/2018_blueprint.pdf

[8] https://www.project-syndicate.org/commentary/exploding-american-budget-deficit-and-debt-by-martin-feldstein-2018-05

[9] http://www.cari.org.ar/pdf/dt96.pdf

[10] http://www.nacion.com/mundo/centroamerica/Concesionaria-Nicaragua-responde-Unidos-transparente_0_1462653797.html

[11] http://www.efe.com/efe/america/economia/china-presto-a-latinoamerica-22-100-millones-de-dolares-en-2014-mas-que-el-bid-y-bm-juntos/20000011-2547894

http://www.thedialogue.org/map_list/

[12] https://thediplomat.com/2018/06/what-does-chinas-belt-and-road-initiative-mean-for-us-grand-strategy/

[13] Idem

[14] https://www.cfr.org/article/liberal-world-order-rip

[15] Ídem

[16] https://thediplomat.com/2018/06/what-does-chinas-belt-and-road-initiative-mean-for-us-grand-strategy/