Irán: el país donde bailar en público es un riesgo para las mujeres

Posted julio 13, 2018 3:58 am by

Feranak Amidi en una fiesta en Irn.Derechos de autor de la imagen
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Feranak baila con sus amigas en una fiesta en Teherán. Actividades como esta están prohibidas en Irán.

¿Qué podría pasarte si eres mujer y decides salir a bailar en Irán?

Más de una usuaria de redes sociales ha sido arrestada en el país islámico después de publicar videos bailando sin el obligado velo o hiyab.

Maedeh Hojabri, una joven iraní estrella de Instagram, fue la última en ser arrestada la pasada semana.Su caso generó una ola de apoyo de sus seguidores a través del hashtag #dancing_isn’t_a_crime (bailar no es un crimen).

Irán impone estrictas reglas sobre la vestimenta de las mujeres y su comportamiento en público, que incluye la restricción de bailar con hombres a no ser que estén acompañadas de familiares cercanos.

Feranak Amidi, periodista iraní de la BBC especializada en temas de la mujer, recuerda cómo vivió las ocasiones en las que decidió salir a bailar durante su juventud en el país. Su desafío a las “reglas no escritas” le costó incluso acabar en la cárcel.

Crecí en Irán en los años 80, durante un período que significó fuertes cambios para muchos después de la Revolución Islámica en 1979.

Estos fueron los años en que la policía moral tomó las calles y la música, los labiales, la pintura de uñas e incluso la ropa colorida, que fueron prohibidas.

Fue también la época de la guerra entre Irak e Irán, que duró desde 1980 hasta 1988, y que ocasionó que la comida fuera racionada y la electricidad se cortara con frecuencia.

Pero incluso durante esos oscuros días, recuerdo bailar con mis amigos al ritmo de la música que comprábamos a los vendedores ilegales de casetes.

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Un DJ que pone música en una fiesta en Irán corre el riesgo de ser gravemente castigado.

Ellos eran nuestra única ventana hacia el mundo exterior. Ponían a nuestro alcance a las estrellas de la música pop iraní que habían huido del país después de la revolución y se habían establecido en Los Ángeles.

Gracias a estos vendedores, conocimos las canciones de Michael Jackson y nos mantuvimos al tanto de modas como el break-dancing y grupos como Wham!.

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En la escuela bailábamos cada vez que teníamos una oportunidad.

Cada vez que los maestros se despistaban, cantábamos y bailábamos a pesar de que sabíamos que existía una regla no escrita que lo prohibía.

Prohibido “incitar a la indecencia”

El baile en sí mismo no ha sido definido como un crimen en el código penal iraní, pero la ley es bastante vaga al respecto.

Según la constitución de Irán, cometer un acto “indecente” en público se considera un crimen. Así que bailar frente a los demás se puede interpretar como un acto indecoroso y castigable.

Se puede bailar encima de un escenario en Irán, pero solo si eres hombre.

El uso de las plataformas sociales en internet para “difundir e incitar a la indecencia” también se considera un crimen en el código penal iraní.

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A falta de clubes y bares, las fiestas privadas son la única oportunidad de la gente para bailar y socializar libremente en el país. Sin embargo, técnicamente esas fiestas van contra la ley.

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Técnicamente, la celebración de fiestas privadas en Irán donde la gente baila y se divierte van contra la ley.

Las fiestas “alternativas” comenzaron inmediatamente después de la revolución y no hubo fuerza que las pudiera detener.

Muchas siguen siendo fiestas familiares o bodas, pero cada vez se celebran con más frecuencia en distintas ciudades para que los jóvenes puedan tener la oportunidad de juntarse a tomar un trago, escuchar música y bailar.

“La gente gritaba y corría”

Cuando terminé la secundaria a finales de los 90, la escena alternativa rave estaba naciendo en Teherán.

Contrabandeábamos discos de música house y tecno al regresar al país de nuestras vacaciones en el extranjero.

Los fines de semana, nos reuníamos en la casa de campo o el sótano de alguien para poner música y bailar.

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A pesar de los riesgos, los jóvenes iraníes se las arreglan para hacer fiestas.

Pero muchas de estas fiestas fueron perseguidas. La mayoría de mis amigos y yo misma llegamos a estar en la cárcel al menos una vez por estar allí.

Si las autoridades descubren una fiesta y encuentran alcohol, los “culpables” pueden llegar ser castigados físicamente.

Conozco a muchas personas que recibieron hasta 100 azotes por una noche de fiesta.

Una vez asistí a una en Shemshak, que está a una hora de camino en auto desde Teherán. Le llamamos “Shibiza”, en honor a la ciudad de España famosa por sus fiestas (Ibiza).

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El local era oscuro y las luces intermitentes eran lo único que te permitía ver, cada ciertos segundos, a las otras personas que bailaban.

De pronto vi entre las luces un rostro con barba que me era desconocido, seguido por otro rostro de expresión agresiva.

De pronto las luces se encendieron. La gente gritaba y corría.

La fiesta había sido objeto de una redada a cargo de las rígidas milicias Basij (fuerza paramilitar de la Guardia Revolucionaria islámica).

“Es nuestra noche de la suerte”

Tenían porras y comenzaron a destrozar cosas. Mis amigos y yo nos encerramos en el baño.

Podíamos escuchar a las mujeres gritando y llorando, y a los hombres suplicando perdón.

Esta locura duró una hora, y después todo se quedó en silencio.

Cuando abrimos la puerta nos encontramos a nuestros amigos sentados en el suelo, en silencio. Tenían los rostros húmedos de llorar.

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Feranak Amidi: “Las redadas y los arrestos nunca nos han parado”.

La milicia sacó afuera al anfitrión de la fiesta, y media hora después lo vimos regresar gritando triunfante.

“Es nuestra noche de la suerte”, dijo. “Solo querían dinero”.

Pusieron la música nuevamente y seguimos bailando hasta el amanecer.

Más creatividad

Las redadas y los arrestos no hicieron que nos perdiéramos las fiestas en el futuro. Solo nos ayudaron a volvernos más creativos para burlar a las autoridades.

Sobornábamos a oficiales de policía, nos asegurábamos de no parquear nuestros autos fuera de la fiesta e invitábamos únicamente a amigos.

Usábamos colchones para sellar las ventanas y así evitar que la música se filtrara al exterior.

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Seguimos haciendo nuestras fiestas porque nunca consideramos que lo que hacíamos estaba mal.

Hoy en día, los jóvenes iraníes aún se enfrentan a normas sociales y luchan contra los tabúes de distintas maneras.

La campaña en redes sociales para apoyar a Maedeh Hojabri (la bailarina arrestada por su baile en Instagram) es solo una de ellas.

A cada rato hay un ajuste de las riendas por parte del gobierno, pero estos jóvenes influencers siguen regresando, y a cada poco surge alguno nuevo.

Es la misma energía desafiante con la que mis amigos y yo salíamos de fiesta hace una generación.

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