No, Kim Jong-un no fue el primero

Posted abril 7, 2018 11:14 am by

El pegajoso pop desarrollado en Corea del Sur, más conocido como K-pop, no sólo se escucha. También se baila. Los grupos que lo interpretan -los primeros aparecieron a principios de los 2000- cuentan con elaboradas coreografías de baile, que dejan muy poco espacio a la improvisación. Tanto así, que si en los shows en vivo uno de los integrantes se equivoca o se pierde, los demás suelen mofarse inmediatamente.

Pero para lograr esta perfección, estos ídolos coreanos tienen largas jornadas de entrenamiento en canto y baile. Todo, claro, acompañado de esa estética tan particular. Que es andrógina en el caso de los hombres; y con exacerbación de lo femenino en el caso de las chicas.

Todo eso lo vio hace unos días el polémico líder norcoreano Kim Jong-un. Quedó fascinado. Acompañado por su esposa, fue en el escenario del Gran Teatro de Pyongyang, capital de Corea del Norte, donde por primera vez tuvo enfrente a 11 cantantes y bandas de K-pop. Los aplaudió a rabiar, saludó a los artistas y, terminado el show, se fotografió con ellos. Fanático absoluto.

Al otro lado del planeta, en Chile, todo eso empezó mucho antes. Hace más de una década.

Todo por el baile

Todos los viernes y sábados, los fanáticos chilenos del pop coreano tienen una cita en las inmediaciones del Metro Universidad Católica. Ya sea a un costado del GAM, frente a los ventanales de la Mutual de Seguridad o en el corazón del Parque San Borja. Allí, grupos de adolescentes practican las coreografías de los hits de sus ídolos del K-pop.

Antes hubo otros

Como la productora de eventos Daniela Carvajal (35). Estuvo desde el inicio en la consolidación del K- pop en Chile. Recuerda que el primer evento producido por la embajada coreana fue en el Teatro Mori de Las Condes en 2008 y llegaron 250 personas. El evento consistía en un concurso de baile para el que ella estuvo mucho tiempo preparándose con su grupo. El jurado era coreano. “Insistí hasta que logré convencer a mi equipo de elegir una canción con un mensaje positivo, porque ellos iban a entender lo que decía”, explica. Ganaron el primer lugar.

Daniela ya organizaba sus propios eventos de K-pop, pero quiso colaborar con la embajada. Partió como voluntaria y terminó produciendo y asesorando a las autoridades coreanas sobre los artistas que debían traer y sus actividades. Su primer evento junto a ellos fue en 2009. Participaron 30 grupos de baile y 20 cantantes, frente a 2.000 asistentes.

Daniela Carvajal.

El evento luego se transformó en K-Pop World Festival, con la posibilidad para los ganadores de competir en Corea del Sur. Gracias a Daniela llegaron los grupos de baile al parque San Borja y después algunos se movieron al otro lado de la Alameda cuando se inauguró el GAM. Hoy ella sigue produciendo eventos relacionados al K-pop, pero la mayoría va dedicado “a otros tipos de ñoñerías”, como dice ella: el Asian Town, el día internacional del Cosplay o Exfam.

Yo confieso

Algunos de los primeros fans chilenos entraron al K-pop por las máquinas de baile que se hicieron populares a mediados del 2000. Así le ocurrió a la periodista Lorena “Miki” de la Rosa, a quien desde pequeña le apasionaron los videojuegos. Pasaba sus tardes en los Juegos Diana, donde un día llegó Dance Dance Revolution. Tenía 14 años cuando descubrió las elaboradas coreografías y las desconocidas canciones coreanas y japonesas.

Maravillada por la cultura asiática e interesada por el animé, iba al centro a comprar las revistas Dokan y Minami. Poco a poco fue interesándose en las secciones que tenían sobre cantantes, letras de las canciones y K-pop en general. Fue amor total. Hoy, su día a día gira en torno a esos temas. Tiene su propio programa llamado KPop en Niu Radio, es animadora de la Comic Con, es panelista de Mouse y CQC, y en enero participó como jurado en la competencia de pop coreano en el matinal Bienvenidos. Fue tan convincente el furor que causó el K-pop, que Canal 13 pronto estrenará un piloto del programa K-pop Match, con Josefina Montané y Matías Valenzuela como animadores.

Una historia parecida tiene Jin, quien prefiere que lo llamen así y no por su nombre real. Este hombre de 31 años es el creador de la página de Facebook “Confiésalo K-Pop Chile”.

A los 15 años comenzó a bailar en las máquinas Pump it up y Dance Dance Revolution. Ambas tenían dentro de su repertorio música coreana, mundo del cual él no conocía nada. Todo cambió cuando tenía 23 años y su amiga Daniela Carvajal lo introdujo por completo a la pandilla. Ella producía y organizaba competencias de pop coreano y necesitaba jueces. Como Jin llevaba tanto tiempo bailando, lo invitó a participar. No salió más de ahí.

Jin era además seguidor de una página de confesiones, con la que siempre se reía mucho. Pronto decidió hacer la propia en Facebook, abierta a las confesiones de los fans del K-pop. Comenzó en mayo de 2013 como “Confesiones ex GAM/San Borja” y luego, por la masividad de la página y la cantidad de confesiones que llegaron reclamando que Santiago no era Chile, le cambió el nombre a “Confesiones K-Pop Chile”. No pocas veces los comentarios allí han causado polémica, que han significado que el grupo de Facebook haya sido bajado en varias ocasiones.

“Hasta nos han amenazado con demandas. Como ya somos adultos, tenemos gente de distintas profesiones en el staff; entonces esa vez consulté con un miembro que era abogado y me dijo que en caso de que se presentase la querella, no le darían bola”, dice Jin, quien trabaja como ingeniero informático.

En TV

Natalia Zúñiga (33) se acercó a este mundo gracias a los “doramas”: teleseries coreanas que duran entre 20 y 30 capítulos. La primera la vio en televisión abierta, a comienzos de los 2000. Se llamaba Días hermosos.

En 2006 TVN transmitió Escalera al cielo, la teleserie coreana más recordada. A Zúñiga fue la que más la marcó. Quedó enganchada de la banda sonora y tras buscar en internet descubrió la música K-pop. Se hizo fanática.

A pesar de trabajar de lunes a viernes, Natalia siempre encuentra tiempo para el pop coreano. Por las noches estudia Bibliotecología, pero los fines de semana hace su programa Korean Dream en radio Hobby, es administradora del Fans Club del grupo Big Bang hace casi siete años y fue manager por tres años de un grupo tributo. “Si tuviera el tiempo seguiría bailando sin importarme la edad”, asegura.

Natalia Zúñiga y Lorena “Miki” de la Rosa.

Otro caso es el de Daniela Leyton (32). Conoció el K-pop cuando estaba batallando con un cáncer, hace siete años. Era una rockera empedernida, pero una de sus amigas le aconsejó escuchar música más feliz. “Me empezó a mostrar videos y enganché con Super Junior. No tenían nada que ver con lo que escuchaba y me gustó mucho”, dice. Le llamó la atención la estética emo.

Leyton trabaja de lunes a viernes en un call center y algunos fines de semana realizan eventos de K-pop con una amiga. Con su hija Sofía (8) comparten el amor por JD, el líder del grupo coreano Big Bang. “Es el más entretenido, porque es al más estrambótico, tiene propuestas de videos con harto color”, dice Daniela.

Ayer y hoy

Los primeros fanáticos concuerdan con que el ambiente dentro K-pop es hoy muy distinto al que existía cuando ellos entraron. “Hay peleas muy estúpidas que pasan porque una niña estaba escuchando una canción y las de al lado escuchan otra, entonces empiezan a pelearse. Nosotros partimos como parias, porque no encajábamos ni con la música normal ni con la japonesa. Teníamos que mendigar espacios y que nos prestaran el escenario para bailar”, dice Jin.

Lorena “Miki” de la Rosa coincide: “Antes era superpobre, ni te maquillabas, con suerte un poco de labial. Uno bailaba más amateur, teníamos poca plata para el vestuario. Ahora tienen las tremendas producciones, tienen luces, camarines. Es supercompetitivo. Lo veo y uno se siente vieja”. Antes bailaban a pleno sol, recuerda. Muchas veces sin escenario. “Pero felices”.

“En mi época no había conflictos, éramos superunidos y hacíamos las reuniones de fans club de Super Junior y de Big Bang juntos”, explica Natalia Zúñiga. Hoy las fanáticas de cada grupo no soportan ni verse.

“Éramos tan pocos que era imposible odiarse -dice Daniela Carvajal-. Al final dejábamos las diferencias de lado. Nos apoyábamos entre todos. Lo importante era que surgiera el espacio. Teníamos como un dealing de cosas tipo ‘te presto mi VHS por el tuyo, tengo este CD con dos discografías’; era todo bien under y gastábamos tiempo en eso. Después el internet cambió eso, porque todo está en YouTube”.

Que tiempo pasado fue mejor es un viejo y recurrido dicho, que -a juzgar por esos recuerdos antiguos- puede aplicarse incluso a los fanáticos del K-pop. ¿Qué diría el temible Kim Jong-un al respecto?