Trasfondos muy chinos de la nueva pelea de Corea del Norte con Trump

Posted agosto 6, 2018 4:49 am by

La paradoja antipática para Estados Unidos de este rebrote del litigio en el nordeste asiático, es que Pyongyang se apoya en una realidad incontrastable, nunca firmó nada que implicara que debía desarmar su arsenal nuclear o misilísticos. Lo máximo que acordó el dictador Kim Jong-un con el presidente Donald Trump en su cumbre histórica de Singapur fue la desnuclearización de la península coreana, una vaga referencia intraducible pero con sentidos diferentes de cada lado de la mesa. De modo que puede seguir en lo suyo hasta que haya una coordinación que interprete en común lo que se pretende.

Sería, sin embargo, al menos ingenuo suponer que este nuevo capítulo del conflicto se limita a ese desentendimiento. Pyongyang ha negociado con EE.UU. brindando a Trump una razón de éxito que elevó a la autocelebración sin advertir que su contraparte le sonreía con la potencia china no tan agazapada a sus espaldas.

La cumbre de Singapur. Pocos compromisos, muchas charla afp

Para quien dude de esa presencia y esa mano directriz solo resta conectar el inicio el viernes de la abrumadora guerra comercial lanzada por Washington contra Beijing y esta derivación, para advertir de qué va la réplica del milenario imperio que no se detendría, como se advierte, en el terreno del castigo comercial.



Si en un caso, el tratamiento de “gangster” y “decepcionante” que le descerrajó Corea del Norte al desorientado canciller de Trump, desnuda la improvisación de Washington para encarar una cuestión tan compleja como lo son sus protagonistas, en el otro exhibe los tonos y ausencia de límites que puede alcanzar el choque entre las dos mayores potencias globales. En unas horas todo lo que el jefe de Estado norteamericano presumía de logros, se ha dado vuelta en un chapaleo que ya la prensa describe con tonos que rozan el ridículo por el fracaso evidente.

Kim y Donald en la mirada de Sabat

La situación en los dos niveles, el norcoreano y el de la guerra comercial con China se acerca al final de una partida de ajedrez. La única salida digna debería tender a tablas antes de que la cuestión se torne de veras humillante o peligrosa y la prudencia no se haga presente para medir los movimientos siguientes.